“La excelencia del servicio de hotelería, al pueblo”
LA ESENCIA DE LA SALSADELLA. La casa se conoce como Ca la Tita en honor a la mujer que la habitó y que, según la leyenda, actuaba como “comadrona” del pueblo. Rafel Roig y Raquel Valles, una pareja con raíces en la Salzadella, la rehabilitaron, después de estar deshabitada durante años. La consideran un tesoro oculto de un gran valor histórico y patrimonial para el pueblo, con fragmentos y vistas a la muralla, por un lado, y a la Plaza México, por el otro, que ahora pueden disfrutar los visitantes que buscan la comodidad de estar en casa y la excelencia de un hotel.
“No podíamos cambiarle el nombre, es parte de su esencia”, comenta Rafel, mostrando su respeto por cómo es conocida la casa por la gente del pueblo. Ca la Tita. “La rehabilitación no fue fácil”, nos cuentan Rafel y Raquel. Trabajaron estrechamente con un estudio de arquitectura y diseño de interiores, recuperando elementos origi nales de la casa e integrando nuevas soluciones sostenibles. “Hemos puesto aerotermia con suelo radiante y tenemos previsión de instalar placas solares”, explica Rafel. La casa dispone de tres habitaciones y una buhardilla y puede alojar hasta 10 personas. Cada espacio ha sido diseñado con cuidado, incluyendo un baño grande inspirado en los antiguos lujosos de las casas del pueblo, y una planta baja con habitación y baño adaptados para personas con movilidad reducida.
Las ayudas LEADER fueron clave para la financiación del proyecto y para acabar de tomar la decisión de llevarlo adelante. Decidieron transformar la casa en un alojamiento rural, pensando en la como didad de los huéspedes asimilándola a la de un hotel. Incluye agua descalcificada, habitaciones con camas extragrandes, televisor y escritorio, cocina con nevera americana y todo tipo de utensilios de alta calidad para disfrutar de la gastronomía del territorio”. Han recu-perado el patio, por la entrada desde la muralla, donde había una casa construida, lo que facilita que las habitaciones tengan vistas al patrimonio. En el mismo patio hay un “torrador” donde dejan una pila de leña y los enseres para cocinar. Esta casa está preparada para disfrutar de buenas comidas. “Queremos que la gente venga aquí para desconectar, para disfrutar del tiempo con familia y amigos, sin prisas”, concluye Rafel.
Ca la Tita también conecta a los visitantes con la cultura local. Nos cuentan que, los huéspedes se integran tanto que hacen amigos llegando a ser parte de la vida del pueblo. Rafel y Raquel no solo quieren ofrecer un lugar para alojarse, sino también crear una expe riencia auténtica. “Facilitamos información sobre lugares de interés y posibles actividades y ayudamos a hacer que los visitantes se sienten acogidos”, añade Raquel. Ofrecen un “Gastro Pack”, un conjunto de productos de la zona y Ruta de Sabor, para que el primer día que llegan los huéspedes puedan disfrutar en la cocina de los productos locales y facilitan la entrada de los servicios de deporte y ocio del pueblo.






